Crónicas

El caos nos alcanzará otro día. FILO 2016

Oaxaca, Oax.- “Las letras de este país pusieron pies en polvorosa en la FILO 2016 y eso no es poca cosa”, se comenta en una reunión de la noche del 17 de octubre en Oaxaca. Son las once de la noche y ocho horas antes se desatarían una serie de eventos desafortunados que llevarían a que la seis y media de la tarde un nutrido grupo de escritoras, escritores, fotógrafos, ilustradores y editores terminaran en el FLAT de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca haciendo fila para salir por la parte de atrás de la estructura sobre puesta del evento en el zócalo de la ciudad, a través de un improvisado escape.

Ocho horas antes un indeterminado grupo de porros de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) han tomado la histórica Facultad de Derecho de la universidad (ahí dio catedra y fue rector Benito Juárez) ubicada a un extremo del zócalo, a base de cohetones que muchos han confundido con balazos.

Han irrumpido en la toma de posesión del director electo de la facultad Miguel Ángel Ramírez  y los han desalojado a todo y a todos. Reporteros y personal de la FILO que pasaban por ahí  procedentes de una conferencia sobre literatura policiaca han sentido el peligro del momento, la grado de que uno de los colaboradores de la Feria confesaría después que escuchando lo que él creía que eran balazos, vio pasar toda su vida frente a sus ojos mientras se comía una jícama.

Los minutos pasan y como siempre en Oaxaca la tensión se normaliza, reportes de whats hablan de que hubo balazos en el Andador Turístico pero que la cosa ya está tranquila. Una hora después los hechos dirían otra cosa con la llegada de dos camionetas de la policía estatal a un extremo de la Facultad de la que descienden un grupo de policías pertrechados como granaderos que de inmediato se colocan frente a las puertas de la Facultad , que tres horas más tarde arderían como carrizo seco.

Afuera también del edificio está apostado un nutrido grupo de seguidores de Ramírez, quien junto con el otro candidato, su tocayo Miguel Ángel Vázquez, se han declarado ganadores y directores después de la elección. La facultad de Derecho es la de mayor de matrícula de la universidad estatal con un total de cinco mil alumnos, razón por la que los juegos de poder al interior siempre han sido una constante, pero en esta ocasión, el conflicto solo parece escalar.

“¡Porro! ¡Te trajo el Águila!, ¡línchenlo!” le gritan estudiantes y catedráticos partidarios de Ramírez, a un tipo joven con sangre coagulada en un extremo del rostro que es escoltado por los policías granaderos por un extremo de la facultad. Al parecer es uno de los que mantienen retenido el edificio y lo polis lo han sacado de ahí en circunstancias que no se alcanzan a entender del todo.

Una veterana reportera de nota roja augura que esto sólo se va a poner peor. En interior del FLAT, el lugar de reunión y esparcimiento de escritores de distintas posturas políticas, se discute y   hace eco de ese dictamen.

Por seguridad las actividades de este jueves de foros y presentación de libros del Foro FILO han sido suspendidas. En el interior del FLAT se puede ver sentados, lo mismo con rictus de preocupación que tomando un trago a Fabrizio Mejía Madrid, Rafael Pérez Gay (quien no deja de comentar que le han suspendido su presentación) JM Servín, Fernando Lobo, Daniel  Espartaco y  Antonio Ortuño, que a niñas y niños uniformados de una primaria de Zaachila que han venido las lecturas infantiles de la Feria, y que ahora están ahí sonriendo y tomando vasos con refresco, como ajenos a lo que a un kilómetro de ellos está teniendo lugar.

Una joven reportera los contempla mientras recuerda con nostalgia como ella cuando tenía nueve años le preguntó a su madre porque le lloraban los ojos cuando los gases lacrimógenos las alcanzaron en su casa durante el desalojo policiaco al plantón magisterial que acabó por iniciar el apoteósico 2006 oaxaqueño.

Nadie se conmueve. Servín y Mejía Madrid sueltan muy buenos chistes sobre la sempiterna conflictividad oaxaqueña al tiempo que se toman una ginebra. El primero dice que lo que vendrá a continuación será un progresivo acto de pasar del cinco al diez en el nivel de pánico. Servín tiene boca de profeta.

Cinco minutos después las risas han cesado, los niños se han ido ya y la foto de la puerta de la Facultad en llamas ubicada a unos metros de donde los escritores se encuentran, está circulando por los celulares de todas y todos.

Rafael Pérez Gay, quien minutos antes ha intercambiado algunos comentarios asertivos con Mejía Madrid  sobre que es la derecha y que es la izquierda en este país ahora dice que serán los jóvenes los que tendrán que correr, porque él es un hombre grande y se quedara ahí a esperar lo que vengan con toda serenidad del mundo. Después se toma una selfie.

La joven reportera pregunta entonces con toda la discreción del mundo si será prudente decirle a los más treinta escritores mexicanos, oaxaqueños y chilenos que ahí se encuentran, que una colega de su mismo medio le ha informado por whats app desde el mismo lugar de los hechos que los porros se están enfrentando  a cohetones con la policía y que vienen para la  FILO.

Los pocos que llegan a escuchar su mensaje abren los ojos como un plato, alguien dice que a él no le pueden hacer nada porque tienen inmunidad diplomática, otro que porque le va al Atlante, otro se asusta en demasía cuando le comentan que por un conflicto igual terminaron incendiando en su totalidad el paraninfo de la misma Facultad hace más de trece años.

Algunos intentan comunicarse sin éxito con  sus esposas u otros familiares que han hecho con ellos el viaje a Oaxaca, ante una ciudad a la que el conflicto postelectoral universitario ha cerrado avenidas y calles. Incredulidad, preocupación, demasiada cercanía ante los hechos de análisis cunde entre los ahí presentes.

Más acostumbrado al delirio presente de una Oaxaca en la que nunca se sabe que es lo que va a pasar, Guillermo Quijas-Corzo, el director de la FILO, se encuentra en la postrimerías de las instalaciones analizando la situación, mientras le indica a unas señoras cual es la ruta más segura para desalojar.

Más allá, en la calle, la reportera que ha mandado el mensaje de que los porros vienen relata que atestiguó como un ejército de ellos ha hecho acto de violencia enfrentando los policías, dice que entre tanto humo no le pudo ver la cara a nadie.

En la calle que ella señala, García Vigil, ya no se ven porros, más que unos polis desperdigados con sus toletes. Pero en la otra calle, la de Morelos donde se encuentra la Facultad y sobre la que a unos veinte metros de ella se encuentra la entrada a la FILO, se puede escuchar y mirar ya la refriega de las que no se alcanzan a distinguir quienes son los combatientes.

En el FLAT la postal es ya de embajada norteamericana del Saigón de 1975,  aunque el que viene no es el Viet Cong, y la verdad es que tampoco se sabe a ciencia cierta si es alguien es el que viene.  Dos filas precisas de escritoras, escritores, fotógrafos, ilustradores, editores y reporteros van en camino a la salida improvisada del lugar, algunos de ellos no se quieren ir sus tragos, otros sueltan chistes sobre que esto es solo un acto bien planeado para hacer sentir en ambiente a los chilenos, cuyo país es el invitado de esta FILO.

El  humor tiene efectos en muchos, menos en los chilenos. Daniel Espartaco dice que este tipo de éxodo solo lo había visto en El imperio del sol, al tiempo que una mujer personal de la FILO jala a dos reporteras y las conmina a tomar con ella un taxi lo más rápido posible.

Se forma una fila de participantes, lectores y curiosos que camina través del ala de la feria que cruza el zócalo y se encuentra en la calle de Hidalgo, el paso es incierto, pero se cree que se podrá salir por algunas de las bocacalles del zócalo. De repente, lo temido pero lo impensable.

Un grupo de gente aparece corriendo en estampida por la calle de Alcalá, justo el Andador Turístico en el que horas antes se habían reportado balazos que en realidad eran cohetones, justo en la calle que viene de la Facultad en llamas.

En la oscuridad de las siete de la noche el susto se hace mucho más grande, el grupo variopinto de personas que buscaban escapar del zócalo se desperdiga en todas direcciones azuzadas por la estampida humana que huye de la refriega.

Un reportero cobardón no se espera a una segunda opinión y grita un “¡hay que correr!”, mientras un escritor grita buscando a su esposa entra la confusión. El caos dura unos segundos, la estampida no traía detrás a nadie más y toda la gente que ha corrido sigue corriendo, aunque un trote más pausado, mientras turistas se refugian ya en los restaurantes de los portales del zócalo, cuyos meseros no terminan de decidir si cerrar la reja o no.

La incertidumbre vuelve al poco tiempo a su cauce habitual. Camiones de bomberos están ya apostados en las calles cercanas a la Facultad apagando el incendio y la FILO, pese a que ha suspendido las actividades del jueves, anuncia en un comunicado que se mantiene en el cauce anunciado, dando como prueba de ello un concierto de Amandititita que al final si se realiza.

Once detenidos se anuncian como resultado del conflicto. Horas después en una reunión de amigos se pondera la peligrosidad de los acontecimientos, alguien cuenta que lo mejor de que te agarre el caos es que te agarre en una Feria del Libro, alguien más recuerda que justo al día siguiente ha planeado a ir a comprar unos libros a la FILO.

La plática sigue, el tema cambia ahora a Donald Trump, tres personas dicen que ellos no van a pagar ningún muro. Todos opinan mientras beben su cerveza. El caos nos alcanzará otro día.

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Staff Santa Cultura

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